Cada vez más parejas se plantean pasar parte de las vacaciones por separado, entre la búsqueda de espacio propio, el descanso real y nuevas formas de entender la convivencia
Redacción/Priego Digital
Domingo 19 de julio de 2026 - 10:00

Viajar sin la pareja ya no se interpreta necesariamente como una señal de crisis. El fenómeno empieza a circular con nombre propio, “solomoon”, un juego de palabras con honeymoon, y se utiliza para describir desde lunas de miel no convencionales hasta vacaciones principales que una persona decide disfrutar sin su pareja. Aunque no aparece como categoría en las estadísticas oficiales de turismo, sí encaja en una tendencia más amplia: viajes cada vez más personalizados, búsqueda de autonomía y nuevas maneras de organizar el descanso.

Viajar a tu ritmo
El fondo del fenómeno es más cotidiano que extravagante. Hay parejas que no descansan igual, no tienen los mismos horarios, no comparten presupuesto, no disfrutan del mismo tipo de destino o simplemente necesitan unos días de silencio, lectura, deporte, amigos o desconexión individual. En lugar de vivirlo como una renuncia a la vida en común, algunos lo plantean como una forma de cuidar el espacio propio.

La tendencia coincide con un momento en el que el viaje individual gana peso en el mercado turístico. Un estudio internacional de Mastercard señala que el 39% de los viajeros internacionales ya ha hecho algún viaje solo, que el 20% realizó en solitario su último viaje y que otro 35% se lo plantearía. Además, siete de cada diez viajeros de ocio muestran interés por experiencias en solitario pensadas para conectar con personas afines, como rutas organizadas, alojamientos compartidos o actividades sociales.

No es viajar contra la pareja, sino a favor del descanso
El “solomoon” no significa necesariamente hacer vidas separadas. Puede ser una semana de vacaciones con amigos, una escapada cultural en solitario, unos días de senderismo, un retiro de descanso o una parte del verano organizada de forma independiente antes o después del viaje en común.

La psicóloga y sexóloga Susana Ivorra apunta que este tipo de vacaciones puede ser positivo o negativo según la relación, la motivación y el diálogo previo. La clave no está tanto en viajar separados como en cómo se acuerda, qué confianza existe y qué lugar ocupa esa decisión dentro de la pareja.

El viaje como identidad
La industria turística también está leyendo ese cambio. Booking.com habla en sus predicciones de 2026 de una etapa marcada por la individualidad y los viajes “a la carta”, donde las personas buscan experiencias más ajustadas a sus gustos, tiempos y prioridades. En España, además, el 47% de los viajeros afirma que evitará destinos masificados, el 43% prevé viajar fuera de temporada alta y el 27% optará por lugares con temperaturas más suaves, según su último informe de viajes sostenibles.

La lectura social es clara: las vacaciones han dejado de ser únicamente un paquete cerrado de familia, pareja y destino común. El descanso empieza a organizarse de forma más flexible, con escapadas cortas, planes especializados, viajes de amigas, rutas en solitario o días pensados para reconectar con uno mismo.

Una tendencia con matices
El auge del viaje en solitario no borra sus contradicciones. La literatura académica reciente advierte de que viajar solo se asocia a libertad, autoconocimiento y crecimiento personal, pero también puede implicar vulnerabilidad, soledad o barreras económicas y sociales, especialmente en un sector históricamente diseñado para parejas o grupos.

Por eso, más que una moda universal, el “solomoon” funciona como síntoma de una transformación más amplia: la necesidad de negociar mejor el tiempo libre. En una pareja sana, puede abrir espacio para respirar, volver con más energía y respetar intereses distintos. En una relación marcada por celos, control o falta de comunicación, puede convertirse en un nuevo foco de conflicto.

También desde destinos cercanos
En España, el contexto turístico acompaña. Los residentes realizaron 175,7 millones de viajes en 2025, con más de 788 millones de pernoctaciones y un gasto total de 63.853,4 millones de euros, según la Encuesta de Turismo de Residentes del INE. Aunque el número de viajes bajó respecto al año anterior, los desplazamientos al extranjero crecieron un 5,2%, mientras que el gasto total aumentó un 2,6%.

En ese mapa, Andalucía sigue teniendo un peso destacado como destino de viajes internos: en el cuarto trimestre de 2025 fue la principal comunidad de destino para los residentes en España, con el 16% del total.

El fenómeno, por tanto, no tiene por qué asociarse solo a grandes viajes internacionales. También puede traducirse en escapadas de proximidad, turismo rural, ciudades medias, rutas culturales o fines de semana de desconexión. Viajar solo, incluso teniendo pareja, empieza a dejar de verse como rareza para convertirse en una forma más de descansar.

Otras Noticias

Sofía Bermejo Téllez  |  Miércoles 25 febrero de 2026

Esta web utiliza cookies para obtener datos estadísticos de la navegación de sus usuarios. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso. Más información