En Priego de Córdoba y en la Subbética, la política se mide por algo muy concreto: su capacidad para mejorar la vida de la gente. La sanidad pública, la educación, el empleo, los servicios básicos y la posibilidad de que nuestros jóvenes puedan construir su futuro aquí siguen siendo las preocupaciones que vertebran a la mayoría social trabajadora.
El socialismo nunca ha sido un proyecto de una sola bandera. Ha sido, y debe seguir siendo, una propuesta integral de transformación: ampliación de derechos, defensa de libertades, construcción de servicios públicos y creación de oportunidades reales para la gente común. Esa visión de conjunto es su principal fortaleza y la razón por la que ha sido, históricamente, el motor del progreso en España.
Pero para que ese proyecto vuelva a ser mayoritario, es imprescindible una reflexión política honesta: sin prioridades claras, ningún proyecto puede representar a la mayoría. Los valores son irrenunciables, pero no pueden convertirse en excusa para descuidar lo esencial: mejorar de forma tangible las condiciones de vida de quienes sostienen nuestros pueblos y ciudades.
Desde la política local esto se percibe sin filtros. La ciudadanía no discute los principios ni las conquistas sociales; lo que exige es que la acción política se centre en aquello que impacta directamente en su día a día. Un centro de salud que funcione, un colegio con recursos suficientes, servicios públicos que no retrocedan, empleo digno y la certeza de que quedarse en Priego o en cualquier pueblo de la Subbética no implica renunciar a un futuro.
Cuando estas prioridades dejan de ser el eje del discurso político, surge la sensación de desconexión. No porque otros debates no importen, sino porque sin una base material sólida, cualquier proyecto acaba perdiendo arraigo social y fuerza transformadora. Los derechos se consolidan cuando se construyen sobre seguridad vital y no cuando parecen desligados de ella.
También decisiones tomadas lejos del ámbito municipal —financiación autonómica, organización de los servicios públicos, inversiones estructurales— repercuten directamente en nuestro territorio. Determinan si un centro de salud abre con personal suficiente, si una escuela mantiene apoyos o si un ayuntamiento tiene margen para sostener políticas sociales útiles. Cuando estos debates no se afrontan con claridad, el desgaste recae precisamente en la política más cercana.
Por eso, el reto del socialismo hoy no es acumular nuevas causas, sino rearmar su proyecto poniendo orden en sus prioridades. Integrar todas las luchas en un mismo horizonte, pero asegurando que el corazón de la acción política vuelva a ser la vida cotidiana de la mayoría social.
Desde lo local lo sabemos bien: solo así se construyen mayorías estables y sólidas. Volver a lo esencial no es retroceder: es la condición imprescindible para un socialismo fuerte, útil y reconocible en Priego, en la Subbética y en todo el país.