La guerra de las siglas: el mejor regalo de la izquierda a la derecha
Toni Musachs Palahí
Martes 13 de octubre de 2026 - 21:46

El PSOE no puede esconder sus errores detrás del miedo a Vox, mientras ERC, Podemos y el Frente Amplio se enredan en una batalla por el liderazgo que puede salirnos muy cara a toda la izquierda.

La historia se repite, pero parece que nadie ha aprendido nada. Cuando la derecha y la ultraderecha avanzan, la izquierda responde dividiéndose. Cuando la ciudadanía exige soluciones, sus dirigentes negocian puestos. Y cuando más necesaria resulta una alternativa sólida, proliferan las siglas, los vetos y las estrategias incompatibles.

Desde el PSOE tenemos una responsabilidad que ya no podemos ni debemos esquivar. Después de años de gobierno, no basta con agitar el fantasma del PP y Vox cada vez que llegan las urnas. El miedo no sustituye a la gestión, ni los discursos progresistas llenan la nevera, pagan el alquiler o resuelven la precariedad de quienes trabajan y siguen sin llegar a fin de mes.

Debemos preguntarnos cuánto hemos contribuido a la desafección de una parte de nuestro electorado. No se puede pedir confianza indefinidamente mientras se acumulan frustraciones y se pretende que la ciudadanía vote sin exigir resultados, simplemente porque enfrente está la derecha.

Los socialistas debemos dejar de utilizar el miedo como sustituto de la autocrítica. La ciudadanía necesita respuestas sobre vivienda, salarios, sanidad, pensiones y empleo, no solo advertencias sobre lo que podría ocurrir si gobiernan PP y Vox.

Lo que está sucediendo a nuestra izquierda tampoco invita al optimismo. ERC y Podemos ensayan acuerdos propios mientras el Frente Amplio intenta construir su candidatura y encajar a las distintas organizaciones. Cada cual proclama la necesidad de frenar a la derecha, pero las negociaciones siguen girando alrededor de liderazgos, candidaturas y espacios de poder.

La fragmentación tampoco se limita a las grandes formaciones estatales. Desde Adelante Andalucía hasta Compromís, la Chunta Aragonesista y otras fuerzas territoriales, cada comunidad presenta sus propias siglas, alianzas y estrategias. Una diversidad legítima que, sin una coordinación suficiente, puede terminar agravando la dispersión electoral de la izquierda.

Los llamados cócteles electorales cambian de una comunidad a otra: alianzas que funcionan en un territorio, desencuentros en otro y acuerdos que amenazan con dejar fuera a organizaciones con las que después se pretende compartir proyecto. La pluralidad territorial no es el problema. El problema es carecer de una estrategia común y pretender que las contradicciones se resuelvan por sí solas.

No se trata de fingir que todas las organizaciones piensan igual. Se trata de entender que las diferencias no justifican la incapacidad de llegar a acuerdos. Una coalición no puede ser únicamente una suma de siglas, pero tampoco puede convertirse en una competición permanente entre dirigentes.

ERC, Podemos y el Frente Amplio deben aclarar si su prioridad es construir una alternativa con objetivos compartidos o preservar sus respectivos espacios electorales. Porque hay una contradicción difícil de justificar: denunciar el peligro de la derecha mientras se toman decisiones que pueden favorecer su avance.

¿De qué sirve tener razón por separado si se termina perdiendo capacidad para defender aquello que se comparte? Las consecuencias electorales pueden ser muy concretas. En determinadas circunscripciones, la división del voto puede traducirse en menos representación parlamentaria. Esos escaños no desaparecen del tablero: pueden acabar facilitando las mayorías del PP y Vox.

Después vendrán las lamentaciones, las explicaciones y los reproches cruzados. Pero será demasiado tarde para quienes vean amenazados derechos laborales, políticas de igualdad, servicios públicos y avances sociales.

El 29N no debería convertirse en otro episodio de esta interminable guerra de siglas. La ciudadanía necesita una izquierda que hable de sus problemas y no una izquierda obligada a asistir, una vez más, al espectáculo de sus propias divisiones.

Todavía hay tiempo para rectificar. Pero hace falta algo más que declaraciones solemnes: hacen falta generosidad, responsabilidad y voluntad real de acuerdo.

Porque, si la derecha consigue ampliar su poder mientras la izquierda se despedaza, no bastará con culpar a la abstención, a las encuestas o a la desinformación. Habrá que mirar también a quienes, teniendo la posibilidad de construir una alternativa común, prefirieron defender su parcela.

Y entonces la pregunta ya no será solamente hacia dónde vamos. Será por qué, pudiendo haberlo evitado, permitimos que la división nos llevara hasta allí.

Toni Musachs Palahí
Militante del PSOE

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